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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

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jueves, 24 de noviembre de 2011

El imperio Chenla

Podría hablaros sobre una chica alemana llamada Hannah, o sobre otra llamada Thong aún más especial, pero no lo voy a hacer (sorry, todo a su tiempo... aunque sé que es lo que más os gusta leer, joios ;-). Eso, más íntimo, va a quedar para un libro que ya tiene, creo, muy buena pinta y que llevará por título (casi seguro) "Rio Madre, retorno a la ruta de leyendas e imperios". Por lo pronto os dejo unos apuntes del imperio Chenla. Mañana sigo ruta a Battambang, luego a rematar Camboya con Phnom Penh y Kampot para más tarde iniciar la senda vietnaminta. Vivo fatigado, a ras de suelo, con un presupuesto ya muy mordido pero que creo aguantará el tipo. Estas son mis impresiones del imperio precursor de Angkor, de Chenla y su decrépita capital Ishanapura (hoy conocida como Sambor Prei Kuk).

Tendría tiempo de analizar el también Khmer, pero actualmente en Vietnam, extinto reino de Funan en un par de semanas, pero antes llegaba tremendamente animado a Kompong Thom por una relativamente buena carretera y en apenas un puñado de horas desde Tbeng Meanchey. La fatiga acumulada empezaba a hacer mella en mi cuerpo y, tras la batalla habitual de un bus en harapos en el que no había lugar para recogerse al abrigaño del viento y el polvo que moteaba mi rostro y mis ropas, busqué una pensión en el pueblo donde descansar mientras trataba de darle salida al asunto clave: encontrar alguien que certificara mis conocimientos de esta legendaria ciudad que se escondía a apenas treinta kilómetros, llamada en origen Ishanapura (actualmente Sambor Prei Kuk), y pudiera hacerme de guía. Pero esa preocupación ligera, como comento, fue derrotada por el cansancio y pasaría a ser solucionada después de unas horas de sueño.

Ishanapura o Sambor como lo acortan los jemeres, el germen que parió la gloria de Angkor. Alquilo una moto con conductor, vuelvo a cruzar un Stung Sen que también riega estas costas y se alza como un evocador y permanente recuerdo de que estos campos también son propiedad del Río Madre y reviento kilómetros por carreteras ante las que se abre el paisaje soñado de campos fértiles entretejidos de brotes de arroz, salpicados por palmeras altaneras. Aquí la tierra ya está limpia de minas, es seguro trabajarla a diferencia de los aledaños del templo Preah Vihear, último reducto de ese Khmer Rojo que empeñó sus últimas esquirlas mortíferas enterrándolas por toda la zona, algo que aún sigue segando vidas y cobrando lisiados. El polvo muerde y pica al mezclarse con el sudor del cuello, lo trago por bocanadas, me irrita los ojos y ahoga mis pulmones al ritmo que centenares de baches mal sorteados me machacan los riñones. A escasos kilómetros, ya nada importa porque pronto daré un poco de luz en este escrito a la gente que parió el mayor prodigio que jamás haya construido el ser humano: la ciudad de Angkor. Tras llegar, me invade la sensación de desilusión, son apenas una decena de santuarios inconexos sobre la espesa vegetación de la jungla camboyana. Pero me da igual, estoy en la capital del precursor del Imperio Khmer, piso los restos de Ishanapura, la capital del desconocido imperio Chenla, y desde luego no estoy allí por la estética de vestigios arquitectónicos de mejor o peor factura sino que es la dilatada historia de sus primitivos moradores la que me ha arrastrado a su vera. Los escasos guías se arremolinan ante un par de buses con turistas que han hecho pie junto a mí y entiendo que ellos siempre son plato más apetitoso que un solitario y resudado turista con aspecto de andar bajo de fondos. Así que me lanzo a la espesura selvática donde luego, para mi sorpresa, una niña, una simple niña de 12 años, me va a aturullar de datos históricos envueltos en una pasión difícil de concebir en alguien con carnet de guía oficial oscilando sobre la pechera.

Chenla, el imperio de que hablo, sonaba a pura poesía en labios infantiles, sonaba a silencio sepulcral de un bosque que parecía querer reverenciar de ese modo, mudo, la legión magistral que impartía el ser más insospechado encarnado en una niña con la piel de un tizón, sonrisa calcárea, ropas ajadas y chancletas en pleno estado terminal de descomposición. Y yo escribía datos, me resumía de placer al albur de un cuaderno y un bolígrafo que ya suplicaba un recambio, esperaba ansioso cada nuevo dato, hipnotizado, mientras surcábamos veredas robadas a la jungla a golpe de machete. Aprendí de su boca lo que ya suponía, que Chenla, el imperio original, no era en realidad sino un poderoso vasallo del imperio Funan, asentado en el sur del actual Vietnam y que iba a descubrir en días. Que Funan fue uno de los primeros estados en constituirse en el sudeste de Asia. Que, que, que… tantísimos qué, los mismos que no hacían más que apuntalar muchos datos leídos en obras olvidadas que jamás encontrarán traducción al castellano.

Este imperio Chenla, por buscar un resumen y no aburrir… más que nada porque no pretendo darle razones al joven del hotel de Sisaket, fue con el tiempo comiendo terreno al imperio Funan hasta que se dio la circunstancia de que aquél llegó a fagocitar a éste. En aquella época, hablo de principios del siglo VII, Ishanapura ya era la capital de este poderoso imperio y era gobernada por un Rey conocido como Citrasena. Sin embargo, atendiendo a las inscripciones encontradas en la mayoría de templos, se deduce que el creador de éstos fue precisamente el hijo de aquel, de nombre Isanavarman I. Y fue tal el legado e importancia de sus obras que llegaron a dar nombre a un estilo de iconos artísticos conocidos actualmente como estilo Sambor en el que se distribuyen decenas de modelos de dinteles, santuarios confeccionados en ladrillo, motivos de decoración y un largo etcétera. Incluso la misma estructura de muchos de los templos, arracimados y enclaustrados por una muralla de decrépita y roída por tiempo y lluvia piedra laterita cual si fueran tacos de queso en la bocana de una ratonera, se cree que fue la base sobre la que se edificaron posteriormente decenas de estructuras en la absoluta maravilla que son en la actualidad los restos de la ciudad de Angkor. Todas, absolutamente todas las estructuras en Sambor, pese a que hoy el lugar asemeje a una sucesión de montoneras de parduzco ladrillo, desmoronadas o vacilantes, fueron preñadas y paridas en este mágico entorno sin otro influjo asiático que el originado en India. No solo eso, llegó a tal calibre su capacidad de liderazgo y su ansia de aglutinar tierras y estados vasallos que se considera a este estado Chenla y a ésta su capital, como el primer concepto de una Camboya unificada en los orígenes de la historia. Incluso centurias después, cuando Ishanapura no era más que un borrón subrayado en la historia, decenas de monarcas del imperio Khmer con base en Angkor siguieron considerando a ésta su capital histórica y, en consecuencia, adicionando nuevas estructuras religiosas al complejo. Luego la historia se eclipsa ya que, a finales del siglo VII, con la muerte del Rey Jayavarman I, la ciudad se sumerge en una época de absoluto desconocimiento para los arqueólogos de hoy en día. En función de los únicos datos que se poseen, a cargo de manuscritos de origen y texto chinos, se considera que el imperio se dividió en un Chenla de agua y un Chenla de tierra, aunque tampoco se tenga claro a qué hacían referencia expresamente ambas definiciones. Una vez más, toca engranar la memoria e imaginar cuándo, cómo y por qué.

Sin embargo la historia encuentra una nueva luz con la ascensión al trono de un tal Jayavarman II quien fundó, a principios del siglo IX y un poco más al norte, un nuevo modelo de organización social y política en torno a, seguramente lo habrás adivinado, la ciudad de Angkor (de hecho Angkor significa ciudad). Hay elementos decorativos en el conocido como Templo del León (Prasat Tao) que son muy similares a los mismos encontrados en los restos arqueológicos asociados a dicho monarca por lo que queda fuera de toda duda que todos ellos fueron coetáneos, trazados con seguridad por las mismas manos artesanas, y si viajas por la zona y observas con atención podrás observar como las estatuas de león en el homónimo templo de Ishanapura son prácticamente idénticas a las encontradas en Phnom Kulen, uno de los focos principales de construcción de dicho regente en el área de Angkor.

Haciendo hincapié en el nexo constante entre Chenla y Angkor se observa como muchos templos hacen referencia a gobernantes de Angkor, como Rajendravarman II o Suryavarman I, al igual que muchos de los ornamentos encontrados en estos mismos templos y más propios de un estilo Angkor tardío que de un estilo Sambor. Queda claro, por ello, que Ishanapura jamás dejó de poseer una marcada importancia en el universo Angkor y se cree a día de hoy que, con mucha probabilidad y en todo caso, ejerció como importante ciudad dentro del citado reino. Se considera, a modo de resumen final, que todo este grupo de santuarios es de vital importancia no solo para comprender el arte Khmer sino, por extensión, todo el arte del sudeste asiático que derivó de aquel y de su marcada huella hinduista que tejería un poso que perdura a día de hoy en centenares por no decir miles de restos arqueológicos de mayor o menor antigüedad.

La visita del recinto, por otra parte, se suele centrar en los 3 grupos principales y cercanos entre sí de santuarios pese a que estos, en número cercano a las tres centenas, se hallen dispersos por un área de veinticuatro kilómetros cuadrados. Y es aquí, en estos grupos centrales, donde se pueden hallar los mejores ejemplos de arquitectura Sambor como son los originales santuarios octogonales, el citado templo del león y, sobre todo, los restos de pasajes del Ramayana trabajados primorosamente sobre ladrillo aunque, iluso de mí que pensaba estarían bien conservados, una bomba de los yanquis caída aquí en el año 1972 ya se encargó de destruirlos en gran medida. Ahora solo quedan, rememorando su tragedia, apenas tres murales y cerca, ya tapado por la espesura, un gran boquete que generó el obús. Otro proyectil también dañó una puerta y dintel laterales del templo del león… y así, para variar, un suma y sigue que me trasladaba inexorablemente al recuerdo de las ruinas de My Son en Vietnam, o a la región de Phonsavan, o a cualquiera de los tantos sitios demacrados por un imperialismo voraz. Tantos que ya, aunque no lo desee, se me hunden en la memoria para desde allí atraparme ocasionalmente y sumirme en la más absoluta tristeza.

De vuelta, en noche cerrada, junto a duras penas unos dólares arrugados para pagar al motero ya somnoliento quien, ante mi apuro, me recomienda pasar por el cercano mercado a comprar algo de fruta, que es barata y mata el hambre. Doy media vuelta agradecido y avergonzado a partes iguales y pienso que, pese a todo, no es mala idea. Una vez al abrigo de la habitación, bajo un ruidoso ventilador (el presupuesto ya no alcanza al lujo del aire acondicionado) de cuatro revoluciones por minuto, agoto después de una ducha fría una cerveza que agencié de un supermercado cercano junto a unas medias piña y papaya y, cuidadosamente, aún con los riñones sollozando su escarnio, me hundo en el colchón con la mente divagando entre el pre recién visitado en Ishanapura y el post largamente estudiado, un post que ya huele e ilusiona a apenas un centenar y medio de kilómetros dirección norte, en Siem Reap, en los restos de Angkor. Y hasta creo, antes de cerrar los ojos, que puede esconderse allí otra chiquilla que me deslumbre en el conocimiento de un sitio que para mí es algo más que magnético, acaso la principal razón de tantos y tantos regresos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

OK OK...Gracias por el Guernica de marras...y la alemana?? y Thong...y el presupuesto?...les pagaste? Tenian una piel muy fina??

Te pasas siendo feliz y eso esta muy bien...

kuakin dijo...

Eso, eso,....que pasa con la alemana?? Y Thong?Es que acaso nos vas a privar de los detalles que mas nos divertían.Por lo menos nos los contaras en alguna cenita para echarnos unas risas,no?

Disfruta David y aprovecha lo que puedas.